Treinta
años, dos llamados...
una gran satisfacción
Junio de 1973. Cambios en el país .Cambios en el CONET (Consejo
Nacional de Educación Técnica) y una insólita llamada de un
alumno particular de inglés, el Ing. Aceiro, miembro del
Consejo Directivo. Me anunció que era el interventor del
organismo y que se había
decidido crear el
Profesorado de Inglés en el Instituto Nacional Superior del
Profesorado Técnico. Me invitaba a diseñar el Plan de Estudios :
las escuelas técnicas necesitaban profesores que diesen clases para
que los chicos pudiesen leer "inglés técnico", y no
perder el tiempo aprendiendo a hablar sobre las estaciones , la
familia , los medios de
transporte y comunicación y
cosas por el estilo. ¡Después llegaban a la universidad y no podían
ni siquiera leer un simple manual técnico!. Si bien iban a hacer
cambios en la asignatura había que empezar por el nivel de formación
de los profesores.
Respuesta
inmediata, reforzada con charlas posteriores: "Hay dos
profesorados nacionales en la ciudad de Buenos Aires. A qué sumar
costos. Hay que hacer un convenio con el Ministerio de Educación.
Crear un postgrado de un año de duración para darle la orientación
metodológica necesaria y hacer la reconversión
correspondiente". Nada. El CONET era autónomo y autárquico
y tomaba sus decisiones. Debía entrevistarme con el Rector
Interventor del Instituto, el Ing. Sendra. El iba a elevar al
Consejo Directivo del CONET el Plan de Estudios que yo elaborase.
Treinta
años después, una inesperada llamada del Prof. Omar Villarreal, ex
alumno mío, actual profesor de la Universidad Tecnológica
Nacional, me invitaba a escribir estas líneas para hablar de los
inicios.
Vuelvo
a 1973. La tentación era grande: iba a poder aplicar mis
conocimientos de planificación de la carrera de Ciencias de la
Educación. Podía pensar en un
profesorado que apuntase a la excelencia en la enseñanza , con
muchas horas de lengua, con práctica intensiva de traducción , y
enseñanza de gramática y estructuras
comparadas, que tenía que estar pensado para que los graduados
transmitiesen contenidos funcionales a los alumnos de las escuelas técnicas.
Había que crear la herramienta.
El
profesorado iba a ser en
Disciplinas Industriales y se iba a llamar: de Inglés e Inglés Técnico.
Estaba en auge el ESP (English for Specific Purposes). ¿Qué
explicación me dieron?: las especialidades del Instituto Nacional
Superior del Profesorado Técnico eran Química y Química Aplicada,
Física y Física Aplicada, etc. Lo "aplicado" en inglés
iba a ser lo técnico, despreciado,
por la preparación "obsoleta" de los profesorados
nacionales tradicionales. El CONET quería algo "a
medida".
Pequeño
inconveniente de la realidad: para crear esta especificidad sólo
teníamos profesores egresados de los profesorados
"convencionales". Había que encontrar gente con
plasticidad, dispuesta a ser creativa.
Había
otro escollo insalvable: la cantidad de horas asignada al plan de
estudios y una solitaria Jefatura de Prácticos asignada a la
carrera. La Dirección del Departamento de Idioma era ad- honoren
pero se le asignaban 3 horas cátedra para cumplir con todo tipo de
tarea académica o administrativa.
El trabajo que implicó el diseño del Plan de Estudios fue
también ad-honoren, por supuesto.
Puse
manos a la obra: hice estudios comparados de los planes de estudio
del Instituto Superior
del Profesorado Secundario Joaquín
V. González , del Instituto del Profesorado en Lenguas Vivas Juan
Ramón Fernández, de la Universidad Católica y de la Universidad
del Salvador. Y de los de la,por
entonces,
flamante carrera de Traductorado del Lenguas Vivas así como de los
programas de aprendizaje del inglés en las carreras de Ingeniería
de la Universidad Tecnológica Nacional y de la Universidad de
Buenos Aires. Difícil encontrar ejes orientadores en la planificación
de los mismos. Estaban las disposiciones de creación y los
programas de las materias. Pero los objetivos (tal como yo los quería):
claros, simples, expresos estaban
invariablemente ausentes.
Me
concentré en los planes de estudio de los profesorados de inglés
de la capital. El INSPT tenía materias en castellano comunes a
todos sus profesorados: Introducción a la Problemática Educativa,
Expresión Oral y Escrita (que se transformó gracias a Sara Melgar
en Comprensión de textos como "Introducción a Estructuras
Comparadas), Introducción a la Problemática Filosófica, Psicología
de la Adolescencia y Política Educativa. El Plan tenía asignadas
2880 horas, de las cuales 2400 eran en inglés.
Y
empezamos a hablar con algunas colegas. Y hablamos mucho. Conocimos
a gente fantástica del "Joaquín V. González". Y
contactamos a queridas colegas del Lenguas Vivas.
En
el Plan de la carrera apostamos a hacer una masa crítica con 10
horas de "Lengua", 4 de "Gramática" y 4 de
"Fonética". (en 1º y 2º). Se le sumaban "Teorías
del Aprendizaje" y "Observación y Crítica de la Enseñanza".
En tercero y cuarto, a "Lengua", "Gramática
(Estructuras Comparadas)"
"Fonología (Dicción)", se le sumaba "Práctica
de la Traducción Técnico- Científica" (¡ aquí se iban a
asomar al siglo XX y al universo de la Técnica y la Tecnología
actuales!). "Metodología" se implementaba con Observación
y Práctica de la Enseñanza sólo en escuelas técnicas.
"Evaluación" era una materia aparte, indispensable apoyo
de "Metodología". Eran 24 horas en inglés en cada uno de
los cuatro años. Hubiésemos querido 4
horas más para "Historia de la Ciencia y la Técnica"
en Inglés. Eso iba a reemplazar
las literaturas y las historias de los otros profesorados. Y nos iba
a centrar en el siglo y a acercarnos a la producción literaria
sesgada absolutamente a propósito. Para asomarse a la literatura,
estaban las lenguas de primero a cuarto año ¡Cuánta ingenuidad!
El tema era sacarnos la dependencia cultural de encima (estábamos
en los 70, recuerden) e ingenuamente lo expresamos así a través
del nombre de las materias y de sus objetivos.
Las
autoridades encontraron todo bien: era el enfoque instrumental
que se había pedido. La "Historia de la Ciencia y la Técnica"
fue sacrificada por el
corsé horario y en diciembre se aprobó el plan de estudios que
insistía en ser funcional: la lengua al servicio de la técnica y a
las necesidades del país. A la intervención le pareció perfecto:
nada de literatura. A nosotros también porque imaginábamos a los profesores con la plasticidad para sumergirse en la técnica
y la ciencia, a través de documentos genuinos y específicos. La
realidad resultó muy otra.
Los
resultados fueron dispares y variaban considerablemente según las
materias (¡ había tanto que hacer para mejorar el nivel de lengua
en lo escrito y en lo oral y era tanto el apego a los esquemas
tradicionales por parte de algunos profesores!). Todo el plantel era
de primera, pero cuesta tanto tener otra mirada más allá de la
voluntad y de lo acordado en teoría!. Sin embargo, se fue ajustando
y compensando. Y
mejorando: a veces, por ensayo y error; a veces, por insight. Como
todo aprendizaje.
Volvemos
a diciembre de 1973. Se dio una situación "embarazosa":
se me iba a nombrar en el cargo de Jefa de Trabajos Prácticos a
principios de mes para que hiciese la difusión del nuevo plan de
estudios y organizase el curso de nivelación, buscase a los
profesores, etc...el pequeño detalle fue que tuve a una de mis
hijas el 7 de diciembre. Me hice cargo el 14 de diciembre: eran
12 horas reloj en la institución. Y allí estaba yo, una
recién llegada recalando en la Oficina Técnica de entonces para
pergeñar los carteles y comunicados, que luego llevaba
personalmente a los
profesorados y a los universitarios, y a las carteleras de las
escuelas secundarias.
Ese
febrero y marzo seguimos con la difusión y, para marzo, ofrecimos
orientación, pruebas de nivel para los aspirantes y un curso de
nivelación de tres semanas. Con la complicidad y la eficiencia del
Sr. Marqués (por aquel entonces, Jefe de Bedelía) implementé un
sistema para la difusión que dio sus muy buenos resultados.
Mientras tanto yo estampaba los carteles fatti in casa, con cinta
scotch y chinches, en las carteleras de cuanta institución
encontraba por el camino, la Lic.
Fedora Mollo
(responsable
del entonces Gabinete de Medios Audiovisuales) me ayudaba con el
diseño, el trazo y la elección de marcadores para que los carteles
fuesen atrayentes y "se viesen".
Antes
de mediados de 1974 se
designó un rector normalizador en el Instituto. Un par de años
después, conseguí una donación muy importante de libros científicos
y técnicos por parte del Consejo Británico, gracias a que el
Instituto estaba en un plan de intercambio de profesores con el tema
del Laboratorio y había hecho muy buen rapport con el ingeniero
escocés que venía una vez por semana al Instituto (le sumamos casi
todos los libros pedidos por los profesores de las distintas
asignaturas (¡hasta el Edinburgh Course in Applied Linguistics! en
cuatro tomos). Imaginábamos que los profesores y los alumnos se
iban a disputar los textos. Desgraciadamente casi nada de eso ocurrió.
Volvamos
a 1974. Con los 54 inscriptos por rendir nuestro ingreso completamos
las 25 vacantes del primer año. En el tercer año, descartamos la
estrategia casera de la difusión y
confiamos en la muy modesta difusión que salió en los
diarios y tuvimos menos de 30
inscriptos. ¡Qué bajón!
¡Y
qué sobrecarga para los profesores de primer y segundo año! Pero
los comienzos son siempre así de difíciles. Recordaba que en el
Lenguas Vivas, allá por el 63, había 2 alumnas en el profesorado
de francés y una en el
de portugués. Y me consolaba. Por suerte
nunca fueron menos de 7 los alumnos nuestros entre
segundo a cuarto año.
A
todo esto, en el 1976 se produjo otro golpe de estado. La intervención
militar de entonces requirió un informe para justificar la
supervivencia del profesorado en Inglés e Inglés Técnico porque
tenían nada encubiertas intenciones de terminar con él. ¡Y recién
en el 77 íbamos a tener a los primeros graduados!
Superamos
la prueba: con Aída Bonangelino y Alfredo Jaeger redactamos la
defensa. Lamento haber perdido ese material. Expresaba lo no escrito
en el Plan de Estudios del año 73 (que era super sintético y
sólo consignaba objetivos
de performance para explicitar los ejes de las materias, carga
horaria, características de las correlatividades,
porcentajes requeridos de asistencia y aprobación de
trabajos prácticos para poder rendir los finales).
En
1976, conseguí que Aida Bonangelino aceptase la Dirección del
Departamento de Idioma, yo dejé "Gramática"
y retuve la
Jefatura de Prácticos hasta el año siguiente. Me concentré en el
trabajo en empresas y en mis cuatro hijos. Pero seguimos repartiéndonos
las obligaciones inter y extra departamentales. Hasta hicimos a
medias un interesante curso dictado por un experto de la OEA sobre
Objetivos (eran 4 horas diarias en contra turno) durante dos
semanas. En 1978 ella renunció, ya tenía 3 hijos, y poco tiempo
para tanta reunión extra clase. Desde el 75 hasta fines del 82 tuvo
Lengua II y no creo que haya un solo ex alumno que no la recuerde
con admiración.
En
1978 asumió la Jefatura del Departamento, Juana Marconi, otra
profesora con mucha garra y expertise, egresada de la Escuela Normal
de Profesores de Rosario. ¡ Cuántos planes teníamos con Juanita!
Hasta íbamos a escribir "el" texto para hacer un
recorrido por las estructuras necesarias para leer cualquier texto
de nivel elemental con técnicas novedosas de reading comprehension;
íbamos a editar el
texto que le faltaba a la escuela técnica para coronar el trabajo
que se hacía en "Práctica de la Enseñanza"!
Los alumnos de las carreras técnicas de las universidades
nos iban a adorar y nunca más los niveles de inglés de sus
carreras iban a significar un escollo. No nos alcanzó el tiempo (
Juanita estuvo sólo un año en el cargo de Jefe del Departamento y
a fines de 1978 se vió obligada a tomar otros rumbos) ni teníamos
el dinero. Lector/ lectora ¿vas sumando ingenuidades?)
En
1977 me hice cargo de la asignatura "Evaluación" (la
profesora designada en 1976, se
había ido con una beca a Alemania) y ese año cedí la Jefatura de
Prácticos para que el Profesor de "Práctica de la Enseñanza"
tuviese horas para seguir de cerca las clases en la secundaria. Este
profesor (Cesar Pires)
nos abandonó por un
cargo en las Naciones Unidas.
Finalmente,
en 1979 lo convencimos a Alfredo Jaeger para que le sumase a sus
clases de "Lengua" la Dirección del Departamento. Y le
pasamos la Jefatura de
Prácticos para convencerlo.
¡A
todo el mundo el Instituto le parecía los confines! Alfredo siguió
siendo el profesor excepcional que sus alumnos recuerdan y, a su
vez, dejó la Jefatura de Prácticos para que Esteban Cresta (por
entonces Profesor de "Metodología") siguiese de cerca, en
el contra turno, a todas las alumnas practicantes. Eso resultó muy
eficaz para el
seguimiento, ajuste y crecimiento del área. Alfredo, sin
compensaciones, condujo solo y con inteligencia la Dirección del
Departamento por años.
A
fines de 1985 decidí que mi etapa estaba cumplida. Estaba concentrada dando clases, de inglés y de "inglés
técnico" en una
empresa de informática, y comenzaba un largo camino
de gestión en ONGs. Había más aciertos que errores, se había
agregado la materia humanística
que faltaba, el profesorado se había afirmado, seguíamos
sin laboratorio de idiomas pero se había estrenado el sistema de
adscripciones a las cátedras para los graduados. Seguíamos con una
sola división por curso en el turno de la mañana pero ya éramos
varios para armar y tomar las pruebas de ingreso (¡hasta
había 3 o 4 aspirantes para cada vacante de primer año!).
En
1980, Silvia Iummato, egresada un año antes, dictó el Curso de
Ingreso a nuestro Profesorado. Promediando 1985 Omar Villarreal
reemplazó a Vladimiro Popoff en "Historia de la Civilización
Inglesa" en el Lenguas Vivas y más tarde cubrió la suplencia
de Amalia Varoli en "Cultura I (Geografía e
Instituciones)" en nuestro Profesorado. En 1986 Pamela Pogré
tomó a su cargo la cátedra de Evaluación. Eran nuestros primeros
egresados con cátedras en la Enseñanza Superior. Empezaba el
trasvasamiento.
En
el 1987 volví al Profesorado para reemplazar a Pamela durante su
licencia por maternidad y al término de esta suplencia me alejé.
Ya no volvería al Instituto.
En
ese año 1987, Alfredo decidió concentrar todas sus cátedras en su
querido Lenguas. Dejó la dirección
del Departamento nombrando a Pelusa Copello (María Isabel
Copello de Isaac) para
reemplazarlo. Sólo ella hacía que Gramática fuese una materia tan
querible. Lo demás, estoy segura,
lo contarán otros con menos desprolijidad que yo.
Mencioné
dos llamados. Falta lo de la gran satisfacción.
Cuando
Omar me invitó a ser la relatora de los comienzos de la carrera, me
sorprendí. Cuando me contó acerca de la organización de la
jornada por los 30 años y los
festejos, me admiré. Cuando me enteré la cantidad de
graduados que tenemos, las horas que tiene el profesorado, las
divisiones de primero y segundo año que hay,
las ayudantías que tienen algunas cátedras, el título
intermedio que se obtiene, el nuevo plan de estudios ( ahora sí está
completo, me saco el sombrero), los graduados en cargos directivos
en diferentes ámbitos , en cátedras y direcciones de carreras de
los profesorados señeros y varias universidades, me conmocioné.
Estoy
conmovida y muy, muy satisfecha. Volví para atrás y volvieron
recuerdos escondidos y desleídos por el tiempo. Despiden el fulgor
de ese entonces, a pesar de todo. Con sus más y sus menos.
¡Ya
no somos la cenicienta! ¡Y recién cumplimos treinta años! Estamos
en absoluto pie de igualdad con los
profesorados terciarios y universitarios de nuestro país y
lo más importante: estamos por todos lados.
¡Qué
bueno, qué lindo! Me debí haber quedado.
Gracias
a todos por el espacio
para el recuerdo.
Prof.
Diana Marzorati
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